Archivos para diciembre, 2015

¡Feliz año nuevo!

Publicado: 31/12/2015 en Uncategorized


Queridos lectores

Para finalizar el año he decidido compartir un texto que redacté en 2011 a manera de nota en Facebook. Le he hecho algunos cambios de redacción pero la esencia sigue intacta. Espero que les guste.

– Me comeré 12 uvas, una por cada campana del reloj. De esta forma, los anhelos y aspiraciones se hacen realidad… por lo menos eso dicen, así que no trabajaré por realizarlas yo mismo.

– Recibiré el año nuevo con dinero dentro de los zapatos: esto trae prosperidad económica, por lo que no tendré que trabajar.

– La noche del 31 de diciembre, usaré los calzones al revés, según la tradición, eso es para tener mucha ropa nueva a lo largo del año. ¡Genial, ya no tendré que gastar en vestimenta!

– Pondré un anillo de oro en la copa de champaña (bueno, en mi caso será un vaso desechable de refresco) con la que se hará el brindis: así me aseguraré de que no me falte el dinero. ¡Ya no tendré que ganármelo!

– Repetiré en voz alta, o mentalmente, la frase “Voy a ser feliz este año” junto a los doce campanadas. Aunque, en 2016, haré lo posible por amargarme la vida, al fin y al cabo “Voy a ser feliz este año”.

– Si salgo a la calle, trataré de que la primera persona que vea sea joven, ya que mientras menor sea, mayor será la felicidad. Esto suena muy pedófilo pero tendré que sacrificar mi reputación para tener felicidad. Así no lucharé todo el año por ser feliz.

– Sacaré mis maletas a la puerta principal para tener muchos viajes el año que comienza. Aunque no compraré boletos de camión y/o avión, seguramente estos llegarán solos.

– Usaré ropa interior amarilla la noche de fin de año, para asegurar felicidad y buenos momentos. Ya había mencionado usarla al revés (deben ponerse al derecho después de media noche). Mucho mejor si los calzones son regalados. Tendré buenos momentos a pesar de mis numerosos intentos de amargarme la vida y será mejor si me regalan los calzones (¿ya ven? la ropa va llegando sin que la compre. Esto comienza a darme miedo).

– Comeré una cucharada de lentejas (cocidas), dentro de los primeros minutos del nuevo año, para tener prosperidad. Aún así me esforzaré por ser un desgraciado.

– Seguiré la tradición de quemar al muñeco “viejo”: para desprenderme de las cosas malas del año que termina (será necesario hacer un muñeco con la ropa vieja). Además, se le puede poner en el bolsillo una lista con todas las cosas malas del año que quieren eliminarse. Se debe poner en un lugar sin riesgos de incendio. A medianoche se le prende fuego. Ya podré realizar malas acciones el año que viene. Total, el día 31 de diciembre hago mi muñeco y así quedo limpio.

Por último, si ustedes quieren acompañarme realizando supersticiones será muy bueno, solamente les recomiendo que si quieren dinero, trabajen por él de una manera correcta; si quieren salud (mental y/o física) cuidense y consulten con especialistas; si quieren atraer al amor de su vida salgan a buscar pareja y traten de llevar una relación estable, respetando a la persona amada; si quieren paz, fomentenla; si quieren una buena relación familiar hagan lo posible para que se lleve a cabo; si quieren trabajo salgan a buscarlo; si quieren buenas calificaciones hagan su mejor esfuerzo por conseguirlas; y así puedo seguir con la lista… Si quieren que sus deseos y aspiraciones se vuelvan realidad luchen día a día por conseguirlo y no sólo este 2016, sino todos los días.

Me despido deseándoles un Feliz y Próspero Año Nuevo.

Decembrina

Publicado: 24/12/2015 en Cuento
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En aquél viejo sofá se encontraba un anciano de aspecto bonachón, tenía barba y cabellos como la nieve, por su vestimenta cualquiera pensaría que era un bombero retirado, llevaba un pantalón rojo y una playera blanca. Entre sus manos sostenía un caballito de juguete.

A espaldas estaba ubicada una puerta, por la cual entraron entusiasmados un grupo de siete seres diminutos, todos de diferentes tamaños y edades, lo único similar en ellos era el conjunto de ropas verdes que llevaban encima.

-¡Rápido, abuelo! ¡Hoy es noche buena y tenemos trabajo que hacer!

El adulto se limitó a mirarlos. Después bajó la cabeza. Quería estar solo con sus cobijas de oscuridad que lo envolvían desde hace algún tiempo.

-Tendremos que avisar a Sara- dijo otro de los pequeños antes de salir corriendo.

Uno a uno lo siguieron como si se tratara de un juego.

Al escucharlos llegar, Sara limpió las aguas que fluían de sus manantiales oculares. Seguía añorando a Darío.

-El abuelo no quiere levantarse.

-No puede porque es demasiado viejo- dijo otro.

-¡Lo que le sucede a su abuelo no es para hacer chistes! –respondió molesta- Iré enseguida.

En ocasiones se sentía responsable de todo. No es que Darío no la amara, sino que no quería perdonarla. Ella no lo comprendía, a pesar de buscar comprensión en él por su decisión. Lo único que la mantenía cuerda era el hecho de haber logrado que su padre pasara otra navidad con la familia. Todos la consideraban una heroína, tanto que se les olvidó la razón por la cual Darío rompió su relación con ella.

Afuera, los renos emitían el mismo sonido monótono de siempre. Todos los días era lo mismo. El anciano los veía y recordaba a Rodolfo. Esa navidad no sería lo mismo sin él.

-Todo mundo te espera, papá –escuchó decir a Sara-. No podemos iniciar sin ti.

Lentamente se levantó de su asiento y caminó encorvado con la cabeza gacha, sin soltar el juguete. Quizá lo entregaría a algún niño.

Ambos ocuparon sus lugares al llegar al comedor. Nadie supo qué decir y estalló el silencio.

El viejo supuso que estarían preguntándose si daría el discurso que inauguraría la cena o si sería el momento de que alguien más tomara la batuta para continuar con la tradición.

De pronto sonó el teléfono y disipó la tensión. Dejó de ser el centro de atención cuando cada uno volvió a su tema de conversación anterior a su llegada. Él no charlaba con nadie, le hubiera gustado hacerlo con Darío, era un buen muchacho y ahora tenían algo en común, pero el joven no estaba ahí. Era de esperarse.

-Yo también lo noté, debe estar arrepentida –susurraba una mujer que platicaba con otras dos.

-Pues claro, tarde o temprano iba a sentir el instinto materno –expresó una segunda.

-Pero eso le sirvió para darse cuenta de que Darío no era el adecuado, debería estar apoyándola en su dolor- dijo la tercera.

Del otro lado de la mesa los hombres también conversaban.

-Te dije que no era buena idea dejar que papá adoptara apadrinara a un niño –expresó uno.

-¿Qué querías que hiciera? Se ilusionó tanto con la llegada de un nuevo nieto que creímos que otro niño ayudaría a aliviar su dolor.

-Claro que ayudó, además la familia de Rodolfo está muy agradecida con él –externó otro.

-Si, pero le afectó tanto su partida que, de no ser por Sara, el viejo no estaría sentado en esta mesa el día de hoy –replicó el segundo.

Nadie reparó en que el abuelo se había levantado de su silla.

Pensaba que sobraba en ese lugar, quizá sólo era un carga, todo hubiera sido mejor de haberlo…

Un leve jalón en su playera interrumpió sus pensamientos.

-¿A dónde vas, tata? –era el más joven de sus nietos.

-Este caballo necesita un vaquero, ¿no crees, pequeño? ¡Feliz Navidad! –le dijo, al mismo tiempo que le entregaba el juguete.

Había vuelto a sonreír después de tanto tiempo.

Respetar no cuesta nada

Publicado: 10/12/2015 en CuenTwitt
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