Archivos para noviembre, 2015

El árbol de la vida

Publicado: 20/11/2015 en Cuento
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Para Any.

Con mucho esfuerzo logró subir a lo alto de un árbol de 16 metros. Al llegar a la cima se recostó sobre una de sus ramas. De pronto, todo comenzó a ponerse muy obscuro y, en algún momento, perdió la movilidad inquieta y alegre que la caracterizaba.
Algunos animalitos, al ver lo que ocurría, la acompañaron para que no estuviera sola, cada uno desde su propio árbol. La alentaban a seguir adelante pues decían que, si continuaba escalando el árbol seguiría creciendo.
Pasó un tiempo y ella seguía sin poder escalar; hasta que cierto día, los animalitos vieron que de aquel árbol brotaba una bella mariposa, la cual voló y voló más allá de la rama más alta. Voló tan alto que llegó hasta donde habitan los seres de luz y habló con ellos para pedirles que cuidaran a todos aquellos que estuvieron a su lado durante su ascenso al árbol de la vida.
Dicen que el árbol se secó, pues había cumplido su objetivo; sin embargo, algunos animalitos continúan regándolo y que, en ocasiones, son visitados por una linda mariposa. Algunos la reconocen, otros no.

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Venganza

Publicado: 03/11/2015 en CuenTwitt
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Venganza

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Metamorface

Publicado: 02/11/2015 en Insectos comunes
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Una mañana, tras una pantalla de ordenador barato, Gregorio Samsa despertó convertido en un horrible avatar. Estaba acostado con la cara en el teclado y, al alzar la cabeza, vio una fotografía de sí mismo, retocada con filtros, cosa que no aguantaba para nada, por lo que estuvo a punto de escurrirse hasta el suelo. Numerosas solicitudes, supuestamente de amistad, se agitaban ante sus ojos como notificaciones.

—¿Qué me ha ocurrido?

No estaba soñando. Su vida, una vida normal, aunque muy solitaria, tenía un aspecto distinto. En el suelo había desparramado un vaso de café colombiano —Samsa era amante de esa bebida —, y en la pared colgaba una fotografía recientemente recortada de una revista de historietas y puesta en un marco de Hello Kitty. La foto mostraba a una mujer dibujada con un traje de heroína, envuelta en una capa también de heroína, y que, muy erguida, esgrimía un amplio sable láser, entre sus guantes de piel, que ocultaban todo su antebrazo.

Gregorio miró hacia la pantalla; estaba muy impactado, y desde las bocinas repiqueteaban las notificaciones, lo que le hizo sentir una gran migraña.

«Bueno —pensó—; ¿y si siguiese durmiendo un rato y me olvidase de todas estas solicitudes?». Pero no era posible, pues Gregorio tenía la costumbre de dormir sobre el teclado, y su actual desorden no le permitía adoptar una postura cómoda. Por más que se esforzara volvía a quedar mirando a la pantalla. Intentó eliminar su perfil numerosas veces; cerró las pestañas para no tener que ver aquella falsa fotografía, que no cesó de aparecer hasta que notó cierta simpatía, una simpatía jamás sentida hasta entonces por sí mismo.

—¡Qué horrible es la foto que he elegido de perfil! —se dijo—. Siempre una selfie. Las redes sociales son mucho mejores cuando se trabaja en ellas, sin hablar de las molestas publicaciones de los “amigos”: estar leyendo quejas al gobierno; los malos chistes, en forma de imágenes; relaciones que cambian constantemente, que nunca llegan a ser verdaderamente formales, y en las que no tienen cabida los sentimientos. ¡Al diablo con todo!

Sintió una necesidad irrefrenable de publicar insultos. Lentamente, se estiró sobre la silla en dirección opuesta a la pantalla, para poder alzar mejor las piernas. Vio que su página personal estaba tardando mucho en cargar. Se rascó la cabeza a causa de la desesperación; pero tuvo que dejar de hacerlo, pues el roce le estaba produciendo una herida.

—Estoy cansado de esto —se dijo—. No duermo lo suficiente. Hay internautas que viven su vida. Cuando regreso de la escuela  y comienzo a anotar mi estado como si fuera un diario, los encuentro desconectados. Si yo, con el vicio que tengo, hiciese lo mismo, me despedirían al psiquiátrico. Lo cual, probablemente, sería lo mejor que me podría pasar. Si no fuese por mis padres, ya hace tiempo que me hubiese suicidado. Antes hubiera ido a ver al doctor y le habría dicho todo lo que pienso. Se caería de la mesa, ésa sobre la que se sienta para, desde aquella altura, hablar a los pacientes, que, como es loquero, han de acercársele demasiados. Pero todavía no he perdido la esperanza. En cuanto haya reunido la cantidad necesaria para pagarle la deuda de mis padres —unos cinco o seis años todavía—, me va a oír. Bueno; pero, por ahora, lo que tengo que hacer es levantarme, que el nuevo cuento sale hoy.

Este es el primer ejercicio realizado por Insectos Comunes, el cual hasta hoy recordé que tenía pendiente de escribir. El reto consistía en reescribir la primera página de "La Metamorfosis", de Kafka, respetando el número de palabras y los verbos pero creando una historia distinta. Espero les haya gustado y espero que les gusten los textos de mis compañeros:

La trasnmutación (la metamorfosis), por LaRataGris
El estancamiento: de cómo un hombre se convirtió en garrapata, por Esther Magar
Reescribiendo "La Metamorfosis" de Franz Kafka, por Manu LF
Reescribiendo 'La metamorfosis', por Benjamín Recacha
Ejercicio literario: transformar "La metamorfosis", por Toni Cifuentes
Gregorio Samsa, un sicario, por José Bocanegra