La gelatina

Publicado: 22/09/2015 en Uncategorized


Octavio caminó hasta la puerta trasera del camión y, al mirar para abajo, vio una mesita llena de gelatinas. Se veían muy deliciosas, algunas tenían pedazos de fruta: fresa, kiwi, uvas, durazno; otras tenían nuez picada.
Lo primero que pasó por su mente fue bajar sigilosamente y tomar una gelatina sin que la vendedora lo notara y volver a subir al camión, lo cual hubiera sido fácil porque la señora estaba dándole la espalda a su negocio.
No tenía mucho tiempo antes de que el chófer pusiera en marcha el acelerador.
Cuando se hubo decidido, pensó que la culpa no lo dejaría en paz pero decidió hacerlo para realizar un experimento. Sacó un billete de quinientos pesos de su cartera y realizó el “hurto”. Cuando estuvo arriba de la unidad, arrojó el billete por la ventana y le gritó a la señora:
–Cóbreme una gelatina y al rato regreso por el cambio.
En ese preciso instante, comenzó a sentir que el operador había emprendido la marcha.
Se bajó en la siguiente parada, caminó de regreso y se detuvo a una distancia considerable del puesto de gelatinas, donde no pudieran verlo.
Observó cómo la mujer guardaba los postres en unos recipientes para después desarmar la mesita. Pudo ver que ella intercambiaba palabras con una vendedora de frituras que se encontraba muy cerca. No tardó mucho en irse con su changarro de gelatinas aun sin haber terminado de vender.
Octavio esperó cerca de veinte minutos para aproximarse a la mujer de las frituras.
–Buen día, señora ¿ha visto usted a una vendedora de gelatinas que se encontraba en este sitio hace como media hora?
–Si, joven, fíjese que terminó pronto de vender y se retiró.
–Muchas gracias.
Se fue de ahí y regresó al día siguiente, al fin y al cabo la mujer no viviría para siempre con quinientos pesos.
–¿Me da una gelatina con kiwi, por favor?
–Claro, joven, son diez pesos.
–Perfecto, entonces me sobran cuatrocientos ochenta.
–¿Cómo dice?
–Quiero decir que volví por mi cambio, yo fui el que le arrojó el billete de quinientos ayer.
–Lo siento, hoy es mi primer día vendiendo gelatinas, no sé de qué me habla.
Entonces Octavio sacó una moneda de diez pesos y avanzó con una sonrisa en la cara y una hipótesis comprobada.

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